martes, febrero 06, 2007

La muerte y yo

Mi novia me ha confesado que desde pequeña siempre se ha sentido inquieta frente a los sentimientos de los demás hacia ella, no por inseguridad, sino más bién por curiosidad. Después de 3 veces mis respuestas ya caen en la categoría de altamente odiosas, mal que mal es parte de mi naturaleza responder estupideces si preguntas estupideces, o en su defecto (de no tratarse de una pregunta tonta), si el cuestionamiento tiene respuesta conocida y archi-conocida.

Recientemente me preguntó: ¿Qué pasaría si ella muriera?
Difícil pregunta, dirán muchos de los honorables lectores, pero la triste realidad es que el pragmatismo que he desarrollado; un poco por mi forma de ser, otro poco por la escuela que me ha instruido, y otro poco más por lo que he vivido; hace que mi respuesta sea más bien simple.

Es cierto que los lazos afectivos hacen que el sentimiento de congoja no sea leve, pero el mundo sigue girando, las responsabilidades siguen existiendo, y, para bien o para mal, yo seguiría entre los vivos. La vida es algo que valoro muchísimo y creo que por mucho dolor espiritual que sienta, no me dejaría morir, más aún considerando cuantos más entre los vivos harían lo imposible mucho al menos algo por tratar de sacarme de ese hoyo, mucho más aún, si pienso en cuantas cosas tengo pendientes. Tengo más de una razón para seguir viviendo.

He visto a la muerte de cerca, y la asumo como una etapa más del ciclo de vida, inexorable, por cierto, rodeada de tristeza y sensación de abandono, y sin embargo superable. Si yo muriera quisiera que quienes me hayan acompañado en vida intentaran seguir mi filosofía y que por ningún motivo se dejaran morir.

Es la memoria de los logros conseguidos lo que nos hace inmortales.
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